Ya habría un espacio que dejase correr las vibraciones de la vejez en la mano que toma el bastón, el no lo quiso entender, y así terminó, agazapado en las noches de invierno donde un crepúsculo oscuro enciende lo negro.
Pensé que pelear no era lo único que te gustaba, y quise quererte. Quizás me equivoque. Pero el hombre de tres apoyos seguía durmiendo en la brisa, adornando las pupilas de cualquier espectador, aunque de luto estuviese por la fecha, caerían lágrimas de placer tan solo verlo. Y leer a través de sus recuerdos las letras.
sábado, 21 de junio de 2008
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