viernes, 24 de agosto de 2007

tablero de ajedrez

foto: obra de juan gris "el tablero de ajedrez"





la vida es un juego de ajedrez en donde juegan dos ciegos, que mueven su ficha sabiendo lo que hacen, pero el oponente no lo puede notar a simple vista, y lo mismo pasa al revés, entonces dije que el corazón ayudaba a mover las fichas, pues deduje entonces que el amor tenia que ver con el corazón, y concluí que el amor es ciego.













Me pidió que le dijese como era un tablero de ajedrez, y le conté, esa noche estaba acostado en mi cama, y me puse a pensar que la vida era un juego de ajedrez en donde juegan dos ciegos, que mueven su ficha sabiendo lo que hacen, pero el oponente no lo puede notar a simple vista, y lo mismo pasa al revés, entonces dije que el corazón ayudaba a mover las fichas, pues deduje entonces que el amor tenia que ver con el corazón, y concluí que el amor es ciego.
Pues ella no tenia ojos tampoco, tenia dos rostros en uno, dos negros opacos y mate, que vestían como la muerte, asechaba con su mirada sin luz a través de ellos podían verse las sombras, y el pelo lo acompañaba haciendo del techo de la noche.
Nuestro amor era perfecto, impecable, era algo platónico hecho amor, ella era una veleta en mi vida, a la mañana cuando cantaba el gallo, su pico señalaba algún punto, y ahí estaba yo, siempre iba donde apuntaba, yo corría por sus venas, y sus besos me frenaban.
Un día me pidió que le explicara como era un corazón, que forma tenia, como era su color, que tan grande es como dicen, y no le supe contestar.
Esa noche me quede pensando devuelta en la cama y me di cuenta que lo nuestro era diferente, a aquel simple tablero de ajedrez, pues yo veía sus jugadas cuando las hacia, pero ella no veía las mías cuando las realizaba, era como un tablero de ajedrez con la mitad dada vuelta.
Pasaron varios días con una relación menos limpia, hasta que ella me dijo que me había confundido con otro que entro al cuarto, y lo había besado, esa noche no le creí, y me di cuenta que no se había confundido sino que había visto el verdadero tablero de ajedrez, y que yo no jugaba en esa mesa.
A partir de ahí ya no me levantaba y veía en el horizonte la ficha de la reina a lo lejos.

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